Disfrutar al comprar uno o varios productos no es malo, lo nocivo es adquirir muchas más cosas de las que se necesitan solamente por un placer pasajero, para llenar vacíos emocionales o hacerlo en arrebato de emociones: euforia o tristeza.
Es aún más complicado cuando la persona llega a sentir cargos de conciencia, culpa o tristeza porque empieza a darse cuenta que lo recién adquirido, no lo necesitaba, ni lo utilizará; o bien, porque dejó de comprar productos que eran prioridad. Lo peor es que, aunque se percata de ello, pronto recae en la misma conducta y, como un círculo vicioso, al poco tiempo vuelve a experimentar los mismos sentimientos encontrados de emoción y culpa, explica la psicóloga Angélica Contreras.
Ansiedad: el origen
La adicción a comprar tienen su origen en el trastorno de ansiedad que puede tener diferentes manifestaciones: temor, nerviosismo y comportamiento obsesivo compulsivo; este último consiste en la repetición de acciones y pensamientos constantes e incisivos sobre determinadas acciones.
También puede surgir como consecuencia de problemas difíciles a nivel laboral, social o familiar, y por medio de las compras tratan de suplir esas alteraciones o carencias, afirma el psiquiatra Romeo Minera, de Boston Clinical Consulting.
Hay dos factores que desencadenan el trastorno: ambientales y psicológicos. En el primer grupo se incluyen la imitación de alguno de los padres de familia o cuando desde pequeños, ellos han fomentado el consumismo desmedido. Los factores psicológicos, en cambio, se refieren a sentimientos de culpa, tristeza, baja autoestima y otros a los que solo le encuentran solución cuando se consienten a sí mismos, y una forma de hacerlo es por medio de la compra, afirma Contreras.
Las causas de este problema también pueden derivar de patologías como trastornos afectivos bipolares, personalidades dependientes o limítrofes, añade Minera.
Cuando buscar ayuda
Contreras expone que el momento de buscar ayuda debe darse cuando el individuo empieza a comprometer cosas importantes por comprar. Se endeudan, topan tarjetas de crédito o incluso hacen préstamos constantes para pagar lo que deben y seguir adquiriendo más productos. A eso se suma que deja de compartir tiempo con la familia por pasar en supermercados, centros comerciales o tiendas, pues eso pareciera ser lo único que les satisface. Esto deriva en problemas familiares que pueden terminar en divorcio.
Cuando lo anterior sucede es el momento de buscar ayuda psicológica.
El diagnóstico
La mayoría de veces son los amigos o familiares cercanos quienes se percatan de que la conducta se está volviendo compulsiva, y por lo general, se lo hacen saber. Minera comenta que el paciente debe ser evaluado por un profesional que determine el tipo de tratamiento que necesita de acuerdo con su historial clínico.
Responder a preguntas como: por qué compra, cómo se sienten luego de hacerlo, cuánto utilizan lo que adquieren, y cuánto tiempo y dinero se invierte en cada compra ayudan al diagnóstico.
¿Tiene cura?
La respuesta es sí. Lo importante es ubicar dónde está el vacío para llenarlo por medio de los afectos y no de la compra de objetos.
Una vez se encuentren las raíces del problema, se da terapia profesional y dependiendo de cada caso, fármacos, y los pacientes logran salir del problema de una manera exitosa. En esto hay que ser cuidadosos, porque si no se descubre ni se trata el motor del trastorno, éste puede sustituirse por otra compulsión (hacia la comida, drogas, alcohol, etc.), añade Contreras.









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